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Ruckauf; Carlos Federico

Carlos Federico Ruckauf (n. Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires; 10 de julio de 1944) es un político argentino afiliado al Partido Justicialista. Ha ocupado muchos cargos públicos, entre ellos el de ministro de Trabajo del gobierno de María Estela Martínez de Perón, ministro y vicepresidente de Carlos Saúl Menem, y gobernador de la provincia de Buenos Aires.
Fue electo gobernador de la provincia de Buenos Aires con el 48,34%; venciendo a la candidata de la Alianza, la Frepasista Graciela Fernandez Meijide.
Sus dos años al frente de la gobernación de la provincia de Buenos Aires fueron muy cuestionados. Entre algunos de esos cuestionamientos figuran la política conocida como mano dura contra la delincuencia y el hecho de utilizar su firma como logotipo provincial, estampándola, por ejemplo, en zapatillas que la provincia repartía en zonas carenciadas.
Durante el segundo semestre de 2001 puso en circulación en la provincia títulos públicos a modo de moneda denominados Patacón, para paliar la falta de circulante y el enorme endeudadamiento provincial.

Ni la prosa ni el progresismo ni la lealtad están entre sus fuertes. Carlos Ruckauf llegó al gabinete de Isabel Perón de la mano de El Loro Miguel. Como ministro de Trabajo, mostró sus tendencias derechistas y su obediencia. Sin embargo, no fue consecuente: terminó recostado en otros apoyos y, cuando cambió el viento, habló con los militares. Una historia de cuando la “mano dura” era corriente.
“La guerrilla de fábrica se debe a los sectores empresarios, que tomaron militantes de ultraizquierda para romper las conducciones sindicales peronistas. El problema vital es acabar con la subversión. Los empresarios decían que iban a chupar a la izquierda, que luego terminó manejándolos.”
Entró en la función pública el 11 de agosto de 1975 con Isabel Perón –en realidad, María Estela Martínez–.
En las fábricas automotrices, en las que la izquierda clasista pisaba con fuerza. En las horas previas al golpe del 76, se acuñó la fórmula de “la ribera roja del Paraná”, aludiendo a Acindar, Propulsora y al imaginario foco de Villa Constitución. La “Cotorra” Otero no tuvo pelos en la lengua al clausurar el congreso de la CGT con una contundente advertencia: “Iremos a las fábricas a persuadir. Y si la persuasión no alcanza, a sacar a patadas a los mercenarios”. En el libro “El Hombre que Ríe”, la llegada a su despacho de Rodríguez munido de un portafolios obró el efecto mágico que no habían podido lograr los gritos de rabia de centenares de mecánicos reunidos en el Luna: Ruckauf aseguró que se mantendrían inalterables todos los convenios.
Fue en esos años del ministerio de Trabajo, que Ruckauf se ganó una fama dudosa: la de que la lealtad no se contaba entre sus mayores virtudes. Dicen que en cierto momento dejó en la estacada a su valedor, “el Loro”, para acercarse sin mediaciones a la presidente. Y que algo más tarde –todo era vertiginoso entonces–, al despuntar el ruido de sables, volvió a cruzarse de vereda y se enroló en el ala del gabinete que sustentaba la postura de una salida polémica: el juicio político a Isabel y la instalación de Italo Luder en el sillón de Rivadavia.
Antes del golpe y de su alejamiento del gobierno isabelista, el ministro alabado por la revista El Caudillo alcanzó a poner su firma en un decreto histórico: el 261/75, llamado “de aniquilamiento”, que habilitó a las fuerzas armadas para retomar el camino de la represión interna.
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